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Mitilicultura: El desafío de certificar a los pequeños cultivadores

Las grandes exportadoras chilenas de mejillón se están certificando con éxito bajo importantes sellos. Para los productores pequeños, sin embargo, es más complicado. No obstante, se están buscando formas de hacer el proceso más fácil y accesible.

Las certificaciones internacionales están alcanzando cada vez mayor importancia en la industria de alimentos. En la acuicultura, los salmonicultores tienen asumido que este es un requisito que hoy no se puede eludir si lo que se quiere es llegar sin problemas a los mercados más exigentes del mundo. En la mitilicultura, en tanto, también hay quienes se están subiendo al carro, sobre todo las empresas más grandes que están integradas verticalmente y que hoy exportan el recurso a diversos destinos.


“Como gremio, tenemos un firme compromiso con la sustentabilidad, buscando diversas formas para que la mitilicultura avance en procesos de producción que generen el menor impacto posible en el medio ambiente. En ese sentido, la mayoría de las plantas cuentan con certificaciones de inocuidad y sustentabilidad”, cuenta el presidente de la Asociación de Mitilicultores de Chile (AmiChile), Branco Papic.


En efecto, es común que las plantas que procesan mejillón cuenten con certificaciones como HACCP (Hazard Analysis & Critical Points), BRC (British Retail Consortium) e IFS (International Food Standard), que acreditan su desempeño, principalmente, en el ámbito de inocuidad. De igual forma, hay quienes, en el ámbito del medio ambiente, han avanzado con ASC (Aquaculture Stewardship Council), BAP (Best Aquaculture Practices) y FOS (Friend of the Sea), mientras que otros han apostado también por BSCI (Business Social Compliance Initiative) y GlobalGAP (Good Agricultural Practices), entre otras.


“Contar con estas certificaciones es muy importante porque se le da seguridad al cliente final en el sentido de que el producto está siendo elaborado bajo los más altos estándares de inocuidad y de cuidado hacia las comunidades y el medio ambiente. Ello le da un valor agregado a nuestro producto”, precisa el representante de AmiChile.


Dificultades

La industria mitilicultora, concentrada en la región de Los Lagos, ha avanzado bastante en el tema; pero nadie dijo que sería fácil. “Son certificaciones de alto costo de implementación y mantenimiento y no son simples de obtener”, dice Branco Papic. Es por eso que quienes más se han involucrado con los sellos internacionales son las empresas integradas y que cuentan con plantas de proceso.


De esa forma, el desafío, en la actualidad, es poder sumar a los pequeños y medianos productores repartidos en diversas áreas entre Calbuco y la Isla de Chiloé, puesto que estos le venden su producción a las mismas grandes empresas que exportan y que, para obtener los sellos, necesitan acreditar buenas prácticas en toda la cadena de producción.


Lo cierto es que a algunos de estos productores más pequeños el tema no les parece del todo atractivo. Así lo deja ver el presidente de la Asociación de Cultivadores de Moluscos de Calbuco, Claudio Torres, quien manifiesta que “para nosotros, las ecocertificaciones o ecoetiquetas, lamentablemente, son un mal necesario. Son exigencias de los mercados internacionales que deben cumplir necesariamente los exportadores; no obstante, caen en esta cadena tanto productores grandes como pequeños”.


Explica que los pequeños mitilicultores, como muchos de los asociados a su gremio, ven lejanas e incluso inalcanzables algunas certificaciones, debido, principalmente, a un tema de costos. “Si a ello sumamos que tampoco se ve un incremento en el precio de la materia prima certificada que llega a la planta, nuestra mirada es que, al parecer, los importadores de nuestro producto solo están poniendo más barreras arancelarias o más medidas de protección a sus propias producciones”.


Claudio Torres destaca que tener que certificar la producción se sumaría a los esfuerzos que ya se realizan para cumplir con el Programa de Sanidad de Moluscos Bivalvos (PSMB), y que resulta bastante oneroso. Además, realiza una comparación con España, país donde los productores de mejillón realizan muestreos de aguas similares, pero que cuentan con un 100% de financiamiento del Estado. Es por eso que para este dirigente resulta crucial que el Estado chileno observe esta materia y vea cómo puede hacerse todo este proceso más sencillo para los cultivadores.


“Para un productor, que cosecha unas 20 a 100 toneladas, certificarse por un valor que puede llegar a los $15-$20 millones es inalcanzable. Es un costo altísimo. Por eso hay muchos productores pequeños que hoy no están de acuerdo con la certificación, porque no significa solamente cumplir con cierta normativa, sino que requiere mucha inversión”, dice el acuicultor. “La autoridad tiene que definir si se justifica o no tener una certificación, especialmente en el caso de nosotros que no exportamos; pues los que reciben el beneficio de contar con un sello son los que envían al exterior”, añade.


Buscando soluciones

Quienes están a cargo de las certificaciones internacionales están al tanto de las inquietudes de los pequeños cultivadores. Algunos, incluso, han decidido ir más allá e intentar ofrecer alternativas que permitan hacer más viable el proceso. Es el caso de la certificación ASC –promovida por WWF– que ya tiene una amplia presencia en la industria mejillonera local y espera seguir fortaleciéndose. “Casi el 40% de todas las certificaciones que tenemos en Chile son de mejillón, las cuales han sido impulsadas principalmente por dos mercados, como son Europa y Japón; allí nuestro sello es muy relevante”, dice el commercial manager para Norteamérica y España de ASC, Marcos Moya.


De acuerdo con el ejecutivo, “pensamos que hemos llegado al tope de las certificaciones de mejillones en Chile en las empresas integradas; lo que toca ahora es certificar a las no integradas, es decir, pequeños productores”. Conscientes de las dificultades que aquí se pueden presentar, el sello decidió lanzar una certificación “grupal”, que permitirá a los cultivadores realizar el proceso bajo agrupaciones. “Esta ha sido una de las razones de mi visita a Chile. Pues tengo la misión de reunirme con representantes de Corfo y Cetmis para ver cómo facilitamos la certificación para los pequeños productores”, dijo el ejecutivo cuando estuvo, los últimos días de mayo, en el país.


El ejecutivo de Innovación y Fomento de Corfo, Hugo Escobar, confirmó que hace un par de semanas se reunieron con Marcos Moya, quien les dio la buena noticia acerca de la disponibilidad de ASC por avanzar en esta certificación grupal. Se cree que esta podría ser una buena oportunidad para que los cientos de pequeños cultivadores puedan acceder al sello a un menor costo.


“Vamos a ir colaborando en la medida que podamos y vayan apareciendo recursos, estructurando instrumentos que puedan ayudar a la industria mitilicultora a dar cumplimiento cabal a este tipo de normas internacionales y que permitan a los pequeños subirse al carro de la exportación”, expresó el representante de Corfo. Precisó que la entidad gubernamental ya cuenta con un instrumento llamado “Focal” que permite a los acuicultores acceder a ciertas normas internacionales y que es posible que allí se sume el sello ASC, con el fin de que, con un cofinanciamiento del Estado, se pueda avanzar en el asunto. Aclara, sin embargo, que se requerirá tiempo para la implementación de esta propuesta, puesto que habrá que agrupar a los productores y capacitarlos en todo lo que significa cumplir con una certificación internacional.


Se cree que una posibilidad real sería contar con algo así como empresas “tutoras” o “mentoras” que vayan por la certificación y que puedan invitar a otros productores que estén en la misma área geográfica a asumir el proceso en conjunto, liderando acciones y compartiendo sus experiencias y capacidades para responder a las exigencias.


De hecho, ya existe un caso que podría servir de ejemplo, como ha sido el trabajo que la empresa mitilicultora St. Andrews ha estado realizando con mitilicultores de Curanué y Queilen –bajo un Programa de Desarrollo de Proveedores (PDP) impulsado por Corfo– donde la empresa principal enseñó a los demás los alcances de la certificación ASC, ayudándolos en todo lo que tiene que ver con buenas prácticas ambientales, productivas y laborales, así como a llevar registros y progresar en cumplimiento normativo, entre otros aspectos. Se cree que este modelo colaborativo podría ser de enorme beneficios para los grandes y pequeños actores del rubro.


Puerta de entrada a los mercados

Aunque para muchos se vea como algo lejano, se cree que las certificaciones llegaron para quedarse. “Estas normas tienen su génesis en requerimientos que el consumidor final le hace al mercado. Vienen de aquel que compra el bien o servicio y lo transmite hasta llegar a la empresa que lo produce. En el caso de los mejillones, estos van a importantes cadenas de retail –como Walmart o Cotsco– donde los consumidores exigen que exista trazabilidad, que los productos vengan de aguas limpias y que se cumpla, por ejemplo, con normas laborales. Esto baja a las empresas productoras y si estas compran a terceros tienen que, de igual forma, demostrar que sus proveedores cumplen con la normativa”, explica Hugo Escobar. Enfatiza que este camino hay que seguirlo “sí o sí, o si no van a quedar fuera del mercado de exportación”.


Si bien Corfo ya entró en conversaciones con ASC, que es una de las certificaciones más relevantes en la actualidad para entrar a una amplia variedad de mercados, no se descarta que se pueda entrar en negociaciones con otros sellos si es que esto aparece como una necesidad de la industria.


Desde la empresa certificadora Control Union, valoran el trabajo que está iniciando Corfo, pues saben que acceder a un sello como ASC involucra, para muchos cultivadores, grandes esfuerzos. No obstante, señalan que si bien este tipo de normas puede constituir una barrera de entrada, con el correr del tiempo “aportan en el ordenamiento interno de las organizaciones y en la mejora de la percepción que tienen respecto de ellas los grupos de interés local y los consumidores finales”, de acuerdo con el local manager Chile de la compañía, Jorge Ríos. Añade que su empresa también ha estado viendo alternativas para ayudar a reducir los costos de quienes optan por los sellos, implementando un equipo de 14 auditores con base en Puerto Montt y Santiago, esperando que ello permita minimizar los gastos logísticos que conlleva realizar las inspecciones.


Fuente: Aqua.cl




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