La historia de la industria mitilicultora se remonta al año 1943, cuando se promulga la ley N° 7.535 que crea la Estación de Mitilicultura de Quellón, con el objeto de vigilar y propender el cultivo y repoblación de mitílidos.

En la década de los 60 el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) iniciaron un plan de desarrollo de la mitilicultura, principalmente en la zona sur de la Isla de Chiloé. El propósito de esto fue que lugareños y pescadores artesanales tuvieran una alternativa de producción y de ingresos.

En el año 1965 para captar semillas de chorito se utilizaban estacas de luma de 8 a 9 metros. Después se le colocaba un cordel de alambre y se iban amarrando los colectores de rama, generalmente de coigüe. Muchas familias llegaron a trabajar, a trato, en la extracción del chorito. Se le prestaban líneas a la gente del sector y después se vendía el producto, sistema donde un porcentaje quedaba para el Estado y otro para los trabajadores.

Todo menzó a modernizarse cuando el IFOP empezó a hacer estudios liderados por Renato Yánez- en este sector de Putemún, aunque con pocos recursos económicos. El IFOP trajo desde Galicia, España, al técnico Francisco López Capón que, según Luis Mansilla, vino a enseñarnos la técnica utilizada por ellos. Esta información es confirmada por Mario Maldonado, mitilicultor de Chiloé, quien acota que López Capón trajo la tecnología para cultivar en balsa o batea, alrededor de 1965.

Fue así como en Chile se empezaron a hacer las balsas o bateas españolas. La primera balsa se hizo en Talcán -la mayor isla del grupo Desertores, ubicado frente a Chaitén- con unos palos de eucalipto. Éstos eran muy grandes, de 18 metros de largo y de unas 14 x 14 pulgadas, indica Luis Mansilla, quien recuerda que los flotadores eran unos cajones de madera calafateados, que se impregnaban en brea. Así quedaban bien sellados. Arriba tenían unos palos grandes que se clavaban en la misma viga. Eran unos cajones inmensos, por lo que la balsa quedaba de una tremenda altura, de casi dos metros.

Héctor Arriagada se hizo, en 1982, cargo de la Estación de Biología Marina de la UACh. La Universidad ganó un proyecto, a través de fondos internacionales financiados por Canadá, que tenía como objetivo principal el desarrollo de la mitilicultura en Chiloé. Lo primero que se hizo fue limpiar, ya que las playas estaban llenas de desechos de las balsas que habían sido abandonadas.

Los excelentes resultados obtenidos permitieron comenzar a repartir los choritos que se producían a las plantas de proceso en Puerto Montt, además de divulgar las bondades del chorito de cultivo, pues la gente no sabía que el rendimiento del bivalvo cultivado puede llegar a un 30%, mientras que el de banco natural no pasa más allá del 15%. Además, el chorito de cultivo era mucho más limpio y más homogéneo en su tamaño y calidad.

Para Héctor Arriagada, los comienzos de la década de los 80 marcaron el inicio de la nueva generación de mitilicultores ya que, de forma paralela, algunos visionarios empezaban con los primeros centros de cultivo, entre ellos se encuentran los hermanos Juan y Jaime Sanzana, Mario Maldonado y Mario Cerna Rosales. Como no había mucho poder comprador en Chiloé, empezaron a realizar las ventas a Argentina y, a mediados de los 90, empezaron las exportaciones a otros países.

La aún pequeña industria mitilicultora no estuvo exenta de problemas, con altos y bajos en los precios y la producción. Sin embargo, en el comienzo, las principales dificultades eran de tipo financiero. Pero la industria creció y así también aparecieron las primeras exportaciones, que tuvieron como primer destino Argentina. Las exportaciones se hacían principalmente de producto congelado hasta que a fines de los 80 vino un quiebre financiero en Argentina, seguido por un cambio de moneda, con lo cual se pararon todas las exportaciones.

El impulso de don Jürgen Winter

Una imagen recurrente a la hora de hablar del desarrollo del cultivo de mitílidos en Chile es la del biólogo alemán Jürgen Winter, académico de la Universidad Austral de Chile y director de Centro de Investigación de Yaldad, ubicado a 10 kilómetros de Quellón. Winter sería el impulsor de gran parte de los estudios modernos sobre el cultivo de mitílidos en Chile. Ante el fuerte impulso de la salmonicultura en la década de los 80-, el doctor Winter señalaba que había que desarrollar otra actividad y eso siempre me marcó.

Finalmente, el investigador alemán lideró el programa de investigación acordado entre la UACh y el Gobierno Regional, para llevar a cabo un proyecto hasta el año 1981, en las localidades de Yaldad, Huildad (12 kms. al norte de Quellón) y Tubildad (en Quemchi). Según datos de Universidad Austral, entre las actividades que involucraba este proyecto estaban la caracterización ambiental de los lugares de cultivo, la determinación de las tasas de crecimiento del chorito, evaluación de la captación de semilla y desarrollo de técnicas de colecta de semilla y cultivo de la especie.

En octubre de 1982, CORFO entrega a la UACh el Centro de Cultivo de Mitílidos de Yaldad, continuando de esa manera con las investigaciones en el lugar. Pero, para un mejor funcionamiento, se requerían más aportes financieros, por lo que Winter, junto a sus colaboradores entre ellos Héctor Arriagada y el doctor Jorge Navarro-, lograron un convenio con el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (CIID) de Canadá. De esa manera se pudo continuar con los estudios de tipo biológico, socioeconómico y de transferencia tecnológica, para la mitilicultura nacional.
En este proceso, fue clave la figura del Dr. Jürgen Winter, quien estaba muy bien posicionado como un científico reconocido mundialmente?, sostiene el investigador de la UACh, doctor Jorge Navarro.

Dicho convenio incluyó, además, un programa de perfeccionamiento, que permitió que académicos del Instituto de Biología Marina de la Universidad Austral de Chile realizaran programas de doctorado en Canadá, en el área de la biología de moluscos. Posteriormente, desde 1995 al 2002, se desarrolló un segundo proyecto internacional, también con fondos canadienses. Esta vez con un enfoque más aplicado, dirigiendo los esfuerzos principalmente a la transferencia tecnológica, post-producción y al aspecto económico-social de la mitilicultura. Dichos proyectos fueron dirigidos por el Dr. Jürgen Winter, participando además académicos del Instituto de Biología Marina de la Universidad Austral de Chile, tales como la Dra. Elena Clasing, Dr. Jorge Toro, y el propio Dr. Jorge Navarro, los que de una u otra forma siguieron apoyando el desarrollo de la mitilicultura en nuestro país.

Es así como, actualmente, la mayor parte de las familias que viven en Yaldad están vinculadas con el cultivo del chorito. Eso se ve a simple vista, donde en los patios y alrededores de las casas es posible ver una serie de implementos que se utilizan en la actividad mitilicultora.

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El gran salto de la industria

Gracias a la naciente Asociación de Mitilicultores de Chiloé, Actualmente Asociación de Mitilicultores de Chile. AmiChile, en la década de los 80 se hicieron distintos talleres, con el objetivo de mejorar la producción, lo cual influyó de manera positiva en el desarrollo de la industria.

Sin embargo, para muchos, el gran salto del sector mitilicultor se dio hasta 1997, a través de una gira tecnológica donde varios productores viajaron a Europa (España, Bélgica y Holanda) cautivando el interés de empresas europeas.
Fue así como llegaron las empañolas Toralla y Ria Austral, las primeras de las tantas plantas procesadoras de mejillones que funcionan hoy en Chiloé. Con el crecimiento de la capacidad procesadora aumentó el tamaño de los cultivos, automatizando procesos y dinamizando una industria que necesariamente comenzó a ser normada sanitaria y ambientalmente a lo largo de toda su cadena del valor.

FUENTE: Mundo Acuícola.

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